7 de mayo, 11h
Mi padre me manda una foto por whatsapp. Es un gato pequeño, monísimo y negro. El color le condenaba, nadie quiere un gato negro, pero tuvo la suerte de aparecer en un lugar rodeado de gente entre los que había un chico cuya novia es animalista sin condición. Me lo manda por si lo quiero, claro, porque sabe de sobras que quiero tener gato. Pero también sabe que no me dejan meterlo en mi casa y todo lo que puedo hacer es decir "que monada, pobre bicho, espero que encuentre un hogar".
7 de mayo, 12h
No dejo de darle vueltas... ¿Y si vuelvo a intentarlo? Mi cuñada tiene perros, le gustan los animales. Si le mando una foto del gatito abandonado igual toco su fibra sensible y me permite meter al gato en casa. Empiezo a dar la murga a mi novio con el tema via skype y me convence para volver a intentarlo. Estamos trabajando en la misma oficina, así que la hora de comer se convierte en una conversación "Y sí..". ¿Y sí nos dice que sí? ¿Y sí al fin tenemos gato? ¿Cómo lo llamaríamos?
7 de mayo, 16:30h
Hace media hora que mi cuñada ha visto el whatsapp. ¡Malditos ticks de colores! Sí, lo ha leído, pero no ha respondido. Joder. Estoy impaciente, sé que dirá que no... otra vez. Pero había que intentarlo.
7 de mayo, 16:39h
GATOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! GATO GATO GATO GATO GATO GAAAAAAAAAATOOOOOOOOOOOOO!
Ejem. He recibido respuesta. Es un SI. ¡Un SI! ¡Nos permite tener un gato en casa! Le mando una captura de pantalla del whatsapp a mi novio y allí acaba mi jornada laboral. Porque estuve sentada 1h y media más en mi sitio, pero todo lo que hice fue buscar videos en internet, consejos, recomendaciones, cosas que comprar...
7 de mayo, 18:00h
A partir de aquí el tiempo se aceleró. Salimos del trabajo y recorrimos veterinarios. Buscábamos ideas y elementos necesarios para el gato. Era un gato muy pequeño, de menos de un mes, y necesitaba tomar biberón. No íbamos a poder darle las tomas, así que lo adoptaríamos cuando pudiera comer pienso. Ya había contactado con la chica que lo tenía en acogida y estábamos esperando la respuesta impacientes. Compramos un rascador, un comedero y un ratón de juguete relleno de catnip. Estábamos emocionados.
7 de mayo, 19:30h
Y la respuesta llegó: ya habían preguntado por él gato y como había varias solicitudes estudiarían los casos uno a uno y elegirían al mejor adoptante. Después de tanto tiempo había llegado el día en que tenía permiso para meter un gato en casa, pero el gato no iba a ser mío. Mi casa es pequeña, tiene escaleras, trabajamos y estamos 9 horas diarias fuera. Estaba claro que en el momento en que analizaran mi situación ese gatito no iba a ser mío. Estaba en una casa de acogida y buscarían al mejor adoptante, que pudiera cuidarlo con biberones desde ya y que tuviera experiencia con cachorros, para asegurar la supervivencia del pequeño. Al menos tendría un hogar.
Entonces llegó la decepción. Pero no nos rendimos. Teníamos el sí, solo había que buscar otro gato necesitado. Y entonces apareció. Vimos una foto en facebook de una pequeña camada de 3 siameses y una gatito negro, con su mamá. Todos estaban en una finca y necesitaban un hogar. En seguida contacté con la mujer que publicó la foto y le pedí un gatito macho. Habíamos hablado de que mejor macho porque la esterilización es más barata y tiene menos riesgos. Me confirmó que tendría un macho, siamés o negro, a mi elección. Estaban llenos de pulgas, y algo hambrientos, pero sanos.
Ya habíamos apalabrado todo. Al día siguiente recogeríamos al gatito. La mujer que los tenía lo recogería de la finca junto a sus hermanos y su madre (ya tenía dos adoptantes más) y los llevaría a un piso para que pudiéramos recogerlos.
8 de mayo, 14:00h
Recibo una llamada. Malas noticias. De los tres siameses solo queda uno y es hembra. El que iba ser mi macho siamés había sido robado. Durante la noche habían entrado en la finca, y entre otras cosas se habían llevado a un gato siamés. El único macho que quedaba. De los 3 siameses que había dos eran macho y una hembra. De los machos, el primero ya estaba entregado a su adoptante y el segundo era el que habían robado. Tenía que tomar una decisión: hembra siamesa o macho negro.
Me dijo por teléfono que había otra chica interesada en un macho, y que como yo había llamado antes elegía primero. Colgué y lo hablé con mi pareja. Durante las 24 horas pasadas habíamos investigado y habíamos leído que los machos marcan más, por lo que podían hacer más destrozos. Además, nos habíamos enamorado del siamés. Decidimos llevarnos a la siamesa sabiendo que había un adoptante para el macho negro.
Llamo a la mujer y quedo con ella en recoger a la gatita a las 18, al salir del trabajo. El día había llegado.
viernes, 8 de mayo de 2015
miércoles, 6 de mayo de 2015
Presentación
Aunque este blog pretende ser simplemente un diario de mis mascotas, puede que alguien acabé aquí sin buscarlo. Por si ese es el caso, os cuento un poquito de mí.
Desde pequeña he tenido peces en casa. Pero no el típico acuario en plan bola de cristal con una pez de colores, no. Un señor acuario, de 120 litros de capacidad, de agua caliente y con varias especies dentro.
Los peces tienen su encanto: no rompen nada, no necesitan ser paseados, su comida es barata, no conocen al señor veterinario, no les tienes que educar y, aunque suene cruel, no te da mucha pena cuando uno se muere. Por contra, no te proporcionan más que unos segundos de diversión cuando descubres que pasando la mano por el cristal todos se mueven a la vez. Eso es todo. Hay que limpiar filtros, vigilar niveles de diversos valores en el agua (nitritos, PH...), ir rellenando con agua, vigilar la superpoblación, la temperatura... Y no proporcionan gran cosa más allá de decoración y pequeños momentos en los que te quedas mirando el acuario con la mirada perdida.
Llegaba el día de San Antón y la mayoría de los niños y niñas de mi clase llevaban un perro, un gato, un pájaro o una tortuga. Algunos requieren más cuidado que otros, algunos proporcionan más compañía que otros, pero con todos ellos se puede interactuar: les puedes tocar, coger, mover... y por supuesto jugar con ellos en mayor o menor medida. Pero un pez... pues no. Así que no tenía interés en llevar un pez ese día al colegio, claro. Y aunque hubiera querido tampoco hubiera podido porque al ser de agua caliente pues no se les podía sacar de casa.
Empecé a pedir un perro en casa. La respuesta fue inmediata: "Tu padre tiene alergia". Por supuesto, era mentira; era la forma más fácil de salir del paso. Pasó el tiempo y supe que mi padre no tenía alergia ni a perros ni a gatos. Volví a pedir el perro y en ese caso la respuesta al menos fue elaborada: "¿Vas a sacarlo a pasear 3 veces al día? ¿Aunque llueva? ¿Aunque tengas que ir a las 6 de la mañana? ¿Vas a estar pendiente de su comida? ¿Sabes que gastos conlleva? ¿Y la cantidad de pelo que suelta?". Me hundí en la miseria hasta que tuve una feliz idea. Pedí un gato. Un gato requiere menos cuidados que un perro por ser más independientes y no requerir paseos. Pero los gastos eran los mismos y a la retaíla que me soltaron al pedir el perro se añadió: "¿Y si rompe las cortinas? ¿Y si araña los muebles? ¿Y si muerde a tu hermana?".
Lo asumí, era imposible meter un bicho peludo en casa de mis padres. A mi madre no le gustan, le dan "miedo". Mi padre no quiere la responsabilidad ni los gastos de una mascota más allá de los peces. Estaba claro, el día que me independizará tendría un gato.
Y el día llegó y me independicé y... no tuve gato. Conté con los gastos que me ocasionaría y lo podía asumir, pero no contaba con que mi casera, que además es mi cuñada, se negaría en rotundo a permitirme meter un gato. El día llegaría, pero no era ese el momento.
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